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domingo, 1 de diciembre de 2013

Felipe Solá, Buenos Aires, Argentina

Felipe Solá está partido en dos por las vías del antiguo BAP, y como suele ocurrir en esos casos la vía se comporta como un muro virtual, un lado de desarrolla más que el otro, el pavimento llega primero, el club de fútbol es mejor, las mejores minas están de éste lado, los comercios, las oficinas públicas, la iglesia, casi siempre se produce una asimetría que en algunos casos llega a extremos. Mi amigo Sergio estaba del lado de los ganadores y cuenta que realmente esa división era muy profunda.
El pueblo se llama así en honor al inmigrante español que donó tierras para el establecimiento de la estación de ferrocarril y el ex gobernador de la provincia se llama así porque es pariente del mismo. La obvia pregunta a mi amigo es cuanto ha hecho el político para el crecimiento del pueblo, pensó unos segundos y muy seguro respondió, el pavimento, le deben el pavimento que comunica la localidad con 17 de agosto, permitiendo salir por asfalto hacia las rutas nacionales, también gestionó viviendas y luego el silencio...
 Sergio me muestra la capilla, el colegio lindero que lo tuvo como alumno, la cooperativa, la secundaria y el orgullo de los solaenses, el club, un extenso predio profusamente arbolado, con piletas, parrilleros y todas las dependencias necesarias como para pasar los tórridos veranos pampeanos.
Tomamos un camino vecinal buscando los tres últimos pueblos de la tarde, uno de ellos con un pintoresco récord.

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