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sábado, 14 de diciembre de 2013

De amores y tragedias. Mausoleo de Myriam Stefford, Los Cerrillos, Córdoba. Argentina

Era bonita, como un pecado de amor.
No tendría mas de veinticuatro años, de cabellos blondos, de grandes y rasgados ojos grises, ojos con destellos de pecado y cocaína... Boca de carmín, tenía ese rictus embustero, delicioso y un poco canalla de todas las bocas nacidas para mentir y besar, las manos suaves, el escote atrevido, casi siempre exagerado...
Vestía entre el polvo y los harapos del pueblo, con telas suntuosas, rojo cardenalicio, morados sombríos, negros bordados en oro...y sin embargo su aspecto era el de esas heroínas de la novela moderna, un poco romántica, un poco artificial, un poco perversa...que aman el éter, la nafta, el haschis y las aberraciones de la gran Cleopatra.
Pero lo mas divino era su cabello, aquellos rizos que le enmarcaban las sienes en un nimbo de coquetería, cabellera encrespada como olas magníficas y luminosas.
En agosto de 1926, Raúl Barón Biza se embarca hacia Europa donde lleva una vida licenciosa plagada de excesos. Permanece varios meses en París frecuentando los círculos bohemios de Montmartre para posteriormente recalar en Venecia. Allí conoce a Myriam Stefford, comenzando así una relación idílica que lo acompañará hasta el último momento de su vida. En 1928 la pareja viaja a Buenos Aires, sembrando la envidia entre sus amistades, Myriam se pasea por las calles porteñas llevando de la mano un leopardo amaestrado al que había apodado Gaucho. El 28 de agosto de 1930 se casan en la Basílica de San Marcos, en Venecia, en el 31 vuelven a Buenos Aires y se radican en una exclusiva mansión de la Avenida Quintana, en ella organizan suntuosas y surreales fiestas, las que llegan a su punto máximo de escándalo cuando invitan a encumbrados miembros de la sociedad capitalina con la condición que vinieran disfrazados de pordioseros y a su vez recorren el puerto y distintos barrios bajos de Buenos Aires buscando mendigos auténticos para invitarlos a la fiesta. Se sirve fainá, tortas fritas y vino a granel, luego sobrevendrá una orgía de proporciones, en donde mujeres de rancio abolengo se acuestan en las lujosas habitaciones con pordioseros creyéndolos ricos terratenientes. Barón Biza habría declarado luego, había tenido el todopoderoso gesto de hacer resurgir en ellos el  espíritu de sus ancestrales, todo el origen de la formación de nuestra pobre y mentida aristocracia.
El autor de "El derecho de matar" tenía otra pasión, volar y se la había transmitido a su amada Rosa Margarita Rossi Hoffmann, quién había adoptado el nombre artístico de Myriam Stefford. Esta había obtenido su licenciatura de aviadora civil en dos semanas, luego de un breve pero intensivo curso con Luis Fuchs, un ingeniero piloto alemán, que había sido jefe de la escuadrilla negra de su país durante la primera guerra mundial. Barón Biza le compró un avión a su amada y contrató al germano, quién entonces se desempeñaba como subsecretario del Centro de Aviación Civil de Buenos Aires, en un tiempo impropio, la joven veinteañera aprendió a conducir aviones, obtuvo su brevet de piloto y logró que la Dirección de Aeronáutica le otorgara un salvoconducto para realizar una riesgosa travesía, unir las capitales de las catorce provincias que para ese entonces conformaban la Argentina. Myriam y Barón Biza ya habían tenido una experiencia previa cuando unieron Río de Janeiro con Buenos Aires en una avioneta propia.
Los dos parten desde Buenos Aires en el Chingolo I, y tras un par de aterrizajes de emergencia en Santiago del Estero y Jujuy, él desiste de la aventura. Ella decide continuar con el plan de vuelo a bordo del Chingolo II,en compañía del ingeniero Fuchs.
A las 7 de la mañana del 26 de agosto de 1931, decolaron en La Rioja rumbo a San Juan, sin inconvenientes y con óptimas condiciones meteorológicas. En la provincia cuyana los esperaban con un banquete, pero a unos 25 kilómetros de la capital, el avión se precipitó sobre un arenal muriendo Myriam y el ingeniero alemán. Inmediatamente la tragedia suscitó un millón de conjeturas, que el millonario pergeñó el accidente por celos, que Myriam había organizado el viaje como una manera de promocionar su vuelta al cine, programada para el año próximo, que la fatalidad se potenció por el desconocimiento de la joven hacia el tema aeronáutico, lo que haya sucedido generó en el viudo una reacción alocada que le impulsó a enterrar el motor del avión en el mismo lugar del accidente y erigir un monumento dentro de su estancia en Los Cerrillos, Córdoba.
Cuando Myriam Stefford murió la vida de Barón Biza cambió para siempre, ella había sido su primer amor, quizás el mas importante y la musa inspiradora de sus mejores versos.
El 26 de agosto de 1935 se inicia la construcción sobre la RP 5 del hasta hoy, mausoleo mas grande de Argentina, inaugurándose el 30 de agosto del año siguiente. El monumento con forma de ala tenía delante un pequeño monolito donde se exhibía el motor calcinado del Chingolo II. Dos inscripciones sobrecogerán al visitante, la primera reza "Maldito sea el profanador de esta tumba" y la segunda junto a la bóveda que guardan los restos de su esposa "Silencio viajero, rinde homenaje a la mujer que en su audacia quiso llegar a las águilas". En un rincón de la cripta se hallan los restos de las alas y el timón del infortunado avión, las paredes son de granito negro y en una de ellas hay un tragaluz con forma de cruz, por el penetra un haz de luz que forma otra cruz sobre la losa sepulcral. A unos metros de allí, bajo un olivo y sin inscripción alguna yacen los restos de Barón Biza.
Para la edificación del monumento Barón Biza convocó a 100 operarios bajo la conducción del ingeniero Fausto Newton, durante un año levantaron el mausoleo de hormigón que alcanza una altura de 82 metros, el equivalente a un edificio de 27 pisos. A seis metros de profundidad está al tumba que guarda los restos de la aviadora, en ella se dice también están sepultadas todas las joyas de la misma, entre ellas el famoso diamante Cruz del Sur de 45 quilates, también se asegura que para evitar profanamientos Biza colocó explosivos de gran poder que no pueden ser vistos en un primer momento, hubieron muchos que pensaron que esto era falso y que tan solo se trataba de una amenaza falsa para alejar posibles intrusos, pero sumándose a las decenas de profanadores que se detuvieron ante el hormigón que cubre al sepulcro, un grupo oficial investigó con aparatos el sitio y descubrió la presencia de explosivos ???.
Hoy el monumento luce muy mal, inclusive existe un tema legal entre un nieto de Barón y el actual propietario del terreno en donde se alza el monumento, la entrada es libre, las paredes están sumamente pintarrajeadas, otra vez la acción del homotontus se hace notar, al igual que la puerta, soldada y resoldada para evitar el ingreso de posible vándalos, no hay nadie que cuide, por lo tanto no se puede tener acceso al impresionante interior que culmina en un mirador no apto para claustrofóbicos ni poseedores de vértigo.
El nombre de Barón Biza llegó por primera vez a mis oídos hace unos pocos años atrás. Me encontraba tomando unas fotografías de unos naufragios en el puerto de San Antonio Oeste, cuando por atrás aparece un hombre mayor muy bajo acompañado por una mujer muy hermosa, joven y mucho más alta que él. Ella se aleja hacia la pequeña playa y el hombre y yo nos quedamos hablando sobre el lecho marino a merced de una marea que cada vez se acercaba más y más. Me cuanta que había estado embarcado en alguno de ellos, me habla de su retiro, de su radicación en Buenos Aires, de sus gustos musicales, su pasión por la fotografía y la lectura de los poetas malditos argentinos como Alejandra Pizarnik, a la que ya conocía, Néstor Perlongher, Osvaldo Lamborghini y Barón Biza. Nos despedimos cuando el agua comenzó a besar nuestros calzados y enseguida garabatee los nombres de los desconocidos escritores, incluso puse "el" Barón Biza, como si barón fuera un título nobiliario, ya en casa investigué sobre ellos y realmente la vida de éste último se lleva todos los premios.
Dejo para el final del post el enlace a la "página oficial", en ella podrán seguir la vida y obra de éste singular personaje, que tuvo su desenlace final de una manera trágica y bizarra, como fue toda su vida.
Almorzamos bajo un árbol frente al monumento, hablo poco, no puedo dejar de observar ese estilete que rasga el cielo de la tarde, son pasadas las tres y Antonio quiere que conozca la RP 13 y los pueblos de la misma, en vez de regresar por autopista, volvemos al camino y pongo en sus manos las próximas paradas.

3 comentarios:

  1. No tenía idea de este Mausoleo!!!!! Ni tampoco de los detalles tan particulares de esta historia como la contás vos, sólo sabía de las generalidades! Qué tragedia tan romántica! Por supuesto, me fascinó la publicación, y esta característica tan tuya de acercanos "cachitos" de la historia ilustrada de nuestra tierra. Qué bien!

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  2. Y eso que no conté el desenlace, no dije nada de la relación de Barón con la hija del caudillo radical Amadeo Sabattini, desastre total!!, de todas maneras el homenaje era sobre la figura de Myriam, ignorada heroína devorada por la locura del mundo moderno.

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  3. Visité el lugar y pude entrar por un agujero que habían hecho los profanadores de tumbas, porque el sepulcro si fue profanado a pesar de los muchos metros de hormigón armado (se dice que lo de las joyas no era verdad...pero si se las llevaron no se sabe...), todo fue destruido. Caminamos los 85 metros de altura por unos escalones de no mas de 40 centímetros de ancho y llegamos a la cima...desde allí se contempla un hermoso paisaje. La historia... apasionante....

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