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jueves, 14 de noviembre de 2013

Saturno, Buenos Aires, Argentina

La mañana del segundo día arrancó según lo planeado, desayuno, charla, matadero, estación, charla, municipalidad, plaza, despedida, encomendación y a volar.
Volar mil cuatrocientos millones de kilómetros por caminos arenosos-terrosos, caminos que copian la geometría caprichosa de los campos, caminos que se bifurcan sin información alguna y ante los cuales no queda otra lógica que aplicar la intuición viajera, caminos, muchos caminos.
Caminos y carteles que mesuran cuantos kilómetros hemos recorrido en un determinado tiempo que parecería no ser real mientras siguen apareciendo alternativas que se resuelven por la lógica o la apuesta.
Información ilegible que confirma a medias que el viaje espacio-temporal está por terminar, que nuestro destino en el quiebre del universo está muy próximo, que aquel remoto punto dentro del sistema solar pampeano herido de muerte cuando se silenció para siempre al Midland estaba a la vista.
Señoras y señores, terrícolas y porque no lactántricos con ustedes.
El hermano del Capitán Beto y el Subsubcomandante Pepiche de Echesortu saturnizaron, ya está..., no importa nada más.
La Wikipedia anuncia que Saturno no tiene población estable, que se la considera población rural dispersa por lo tanto no suma, claro si residiera gente, cual sería su gentilicio, Saturnianos, Saturnenses, Saturninos, sería un motivo de karma para toda la vida.
Para ser leal a la historia debo confesar que a la entrada del asentamiento funciona una escuela, y que afuera había un par de vehículos estacionados, posiblemente del personal, así que en este caso no hablamos de un sitio totalmente despoblado, ahora la estación sin voz desde el 11 de setiembre de 1977 está completamente abandonada. Recordemos que Saturno era una parada del glorioso y único Ferrocarril Midland para su ramal Puente Alsina-Carhué y que éste fue clausurado y levantado durante el '77 por disposición de la junta militar que gobernaba Argentina, junto con otros 5500 kilómetros de vías. Desde entonces los pueblos de la zona se convirtieron en sombras de lo que alguna vez fueron.
Saturno brilla más por estos días debido a la lluvia reciente que ha intensificado el verde de sus pastos vírgenes, ese verde combina muy bien con el amarronado del ladrillo centenario y contrasta con el tono triste del abandono, del silencio invadido por un viento repentino que preanuncia tormenta, de los árboles que perdieron por completo su follaje pero no su belleza.
Salimos de ese planeta lejano, oscuro brillante, que todavía guarda los secretos de ese último tren que partió obligado rumbo a la historia un 11 de setiembre de 1977.

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