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viernes, 22 de noviembre de 2013

Salliqueló, el matadero bajo el imperio de la lluvia, Buenos Aires, Argentina

Me despedí de quién fue mi guía por las intrincadas huellas de la pampa profunda y me sumergí de lleno en el capítulo Salliqueló. Las ganas de salir median fuerzas con el clima amenazante, la lluvia golpeaba mi puerta pero igual decidí salir en busca del legado Salamone. Avenida principal, estación de ferrocarril, callecitas de tierra y la tormenta que toma el control, me refugio bajo la estructura de entrada al parque municipal, predio contiguo al matadero, faltan minutos para las cuatro de la tarde y la intuición viajera me dice que la lluvia será copiosa, tediosa y desgastante.
Intento hacer memoria sobre cuando fue la última vez que esperé guarecido a que pasara una lluvia inoportuna, la respuesta fue nunca, nunca esperé guarecido a que un clima hostil cese para darme vía libre.
Fueron dos horas de espera en soledad y silencio, manejo del tiempo, despreocupación o simplemente cristiana resignación.
La lluvia amaina pero no desaparece, salgo de mi refugio y avanzo cien metros hasta el predio del matadero, unos jóvenes me cruzan y resultan ser quienes están trabajando en el reciclado del edificio.
- Don, el edificio está cerrado, nosotros volvemos el lunes.
- Lástima, no llego al lunes, mañana me voy, lástima vengo de lejos...
- A ver venga, yo le abro, sería una picardía que se perdiera de ver que estamos haciendo.
- Gracias, un gracias grandote!
El edificio está siendo reciclado, los trabajadores pertenecen a una empresa que ya ha hecho este tipo de intervenciones en otras obras de Salamone, la voz cantante del grupo supo transmitirme esa noción de orgullo, casi romántica que implica cierta dosis de amor por el trabajo realizado, cierto olor a utopía merodeaba en el aire.
Los rescatistas le estaban devolviendo todo su esplendor al viejo edificio, podía comprenderse entonces el orgullo esgrimido. Agradezco el tiempo extra, reparto gracias y bendiciones y salgo con el sentimiento de deber cumplido, afuera todavía duele la lluvia, me dispongo a caminar la vuelta, serán unas diez o doce cuadras durante las cuales el agua no importa, callecitas de barro, estación, avenida de ingreso y avenida central, comercios, plaza, hotel.
La tele anuncia las 19 horas, fin de jornada para muchos inclusive para la lluvia que dio paso a un sol aparecido tres las gruesas nubes, el cielo encapotado y un sol peleador presagian momentos ideales para las fotos. Salgo nuevamente hacia el matadero, avenidas, estación, callecitas.
Disfruto el doble el camino de regreso, paso por el predio ferroviario y la plaza dominada por miles de golondrinas que sobrevuelan temerariamente por sobre las cabezas. Celebro lo ocurrido y doy fin al segundo día de travesía, para mañana quedará el cementerio, obra de Salamone y la búsqueda de la tercer ciudad con obras de este artista único e irrepetible.

2 comentarios:

  1. La hora del día, en las últimas fotos, cargó a tus capturas de una calidez pictórica, casi las vistió de fiesta (a pesar de tratarse de un ex "matadero", sitios foco festivos si los hay!) Me encanta este viaje que estás haciendo, Rodo. Gran abrazo.

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  2. Cuando volví al hotel y percibí que la lluvia paró, observé desde la ventana a ese cielo bien cargado peleando una feroz batalla con el sol que quería traspasar sus rayos por los resquicios que dejaban las nubes, huí despavorido rumbo al matadero presumiendo lo que finalmente ocurrió, las paredes se tiñeron de sol y el cielo muy negro ofrecía un contraste perfecto.
    Todavía falta mucho camino por recorrer y ya hay material nuevo sobre una escapada a la capilla "mas aislada y desconocida de Córdoba", el entrecomillado significa que el día que vaya al casino y juegue todos lo números sale una J, ya verás.
    Abrazo grandote y primaveral.

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