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domingo, 10 de noviembre de 2013

Casey, Buenos Aires, Argentina

La ruta de tierra coquetea con las vías del Midland, hacia los cuatro rumbos se siente esa ruralidad tan propia de los desolados paisajes pampeanos del sudoeste, todavía no salpicados por el mar de soja que baña nuestros campos, señal de ésto es la cantidad de pequeños animales que se cruzan a nuestro paso, habitantes de una tierra sin los pesticidas asesinos que demanda la oleaginosa para aumentar su rinde.
A lo lejos el caserío, mas cerca El Pingo, nombre que se repetirá en otro pueblo futuro.
Casey se ubica a 50 kilómetros de Guaminí, la fundación data del 15 mayo de 1911, fecha coincidente con la llegada del ferrocarril a Carhué. El censo poblacional de 2010 no registra población urbana, tomando a la misma como rural dispersa. El éxodo como es de imaginar se produce cuando el gobierno dictatorial de Videla, cierra el ramal en 1977.
El edificio de la estación se encuentra en muy buen estado de conservación, debido a que fue refuncionalizado para albergar al CEPT Nº 6, la cara que da al camino conserva su espíritu original, el lado que enfrenta a las vías fue cerrado y poco hay para presuponer que ocurría allí.
El 15 de marzo de 1992 se inauguró el Centro Educativo para la Producción Total Nº 6, institución que opera bajo el sistema educativo por alternancia, o sea una semana en el centro y dos en casa, desarrollando múltiples tareas, como por ejemplo poner en funcionamiento sus proyectos de huerta, pero lo más importante para la comunidad es que esos jóvenes se están formando en el medio en que viven con una orientación netamente rural, significando por lo tanto menor posibilidad de éxodo y desarraigo.
El centro nace a partir de la problemática de la propia comunidad rural, que por intermedio del Consejo de Administración, gestiona los recursos, establece su propia política institucional y cogestiona con el Estado.
Pude cruzar unas breves palabras con el director, que me explicó las generalidades del caso y me aconsejó consultar el blog que el centro dispone, agradecí y felicité porque creo que esa es una muy buena manera de retener a los jóvenes en los campos, con nuevos conocimientos y tecnologías para desarrollarse en concordancia con los tiempos y necesidades actuales (no me refiero al monocultivo verdemar).
Seguimos viaje rumbo al pueblo de Andant y la incógnita de Sauce Melú, por suerte Beto transitó esos caminos y cree estar orientado, porque cartelería hay poca y la existente fue borrada por el óxido.

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