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sábado, 8 de noviembre de 2014

La estación del secreto de los inocentes, La Vitícola, Buenos Aires, Argentina

La crónica sobre la estación La Vitícola se dividirá en dos partes, en la primera respaldada por las tomas irán la historia ligada a lo meramente ferroviario y algunas consideraciones subjetivas sobre las vivencias en otro lugar completamente abandonado. La segunda parte contendrá la información sobre los sucesos que allí ocurrieron y sobre los cuales recién ahora se está trabajando para poder comprenderlos en toda su dimensión.
La estación fue construída en 1888 por iniciativa de la compañía La Vitícola SA, un emprendimiento agrícola que iniciaba su producción dedicada a la vitivinicultura. Fue construída cinco años más tarde que las otras paradas del ramal Olavarría-Bahía Blanca vía La Madrid del FCS.
Las características constructivas de la misma también difieren de las tradicionales de la línea, en la misma se deja a un lado el ladrillo a la vista y se lo reemplaza por un revoque y la cubierta del techo pierde las características tejas francesas, utilizando en este caso chapa galvanizada. Otra característica diferente y extraña que se puede comprobar a simple vista es la desmesurada dimensión del tanque de agua, no ya en mampostería si no construído con elementos metálicos, acompañado por un gran molino que fuera derribado por el viento. Todas esas preguntas quedarían sin una respuesta precisa si no hubiera existido la otra historia que acompaña a tan desolado enclave, ubicado a las puertas de Bahía Blanca.
La parada está completamente abandonada, pero la vía está activa tanto para cargas como para pasajeros.
La línea de pasajeros pertenece a Ferrobaires para su servicio Constitución-Bahía Blanca vía La Madrid, para cargas circulan trenes del FerroExpreso Pampeano.

http://sateliteferroviario.com.ar/horarios/bahia_lamadrid.htm


En las imágenes podemos ver las proporciones desmesuradas del tanque de agua, cuya construcción sería posterior a la de la estación. Vemos además al pequeño galpón de chapa que hasta hoy día sigue en pié.

Con estas tres tomas exteriores ya del camino que conecta la estación con la nacional 33, podría dar por concluida la crónica sobre La Vitícola, pero las palabras de mi compañero de viaje no me permitían cerrar la historia, así que por un lado digo que proseguimos viaje hacia Tornquist y por otro lado dejo algo de mí entre las ruinas a la espera de saber que fue realmente lo que ocurrió en estas soledades pampeanas.


"Debo concluir conjurando solemnemente a mis compatriotas pobres, si es que valoran su felicidad a futuro, a que jamás pongan un pié en la República Argentina, aunque sean tentados, como puede ocurrir con ofertas de pasajes gratuitos o confortables lugares para vivir y trabajar"
                                                                                            -T.W Croke, obispo de Cashel


La historia que sigue se inicia a fines del siglo XIX, cuando el crecimiento del país necesitaba mano de obra y el gobierno buscaba atraer inmigrantes del norte de Europa en lugar de los ya conocidos arribados de los países del sur. Al mismo tiempo la Ley de Centros Agrícolas, propiciaba la fundación de colonias en las proximidades de estaciones que carecían de un núcleo urbano en sus adyacencias, todo esto enmarcado por un creciente número de negociados en un clima de fuerte especulación.
En 1888, 1700 irlandeses estaban preparados para ser embarcados en el vapor alemán S.S Dresden, contratados en principio para levantar colonias en el chaco santafesino, la operación se cayó en pleno proceso de selección y traslado de los inmigrantes, quienes inmediatamente fueron tentados para venir a esta zona en donde una compañía de capitales ingleses, Argentine Vine Culture Company, Vitícola Argentina S.A, pretendía levantar tres centros agrícolas en proximidades de la estación Napostá del FCS, aclaro que Napostá se ubica a 13 kilómetros al N de La Vitícola, por el mismo ramal comentado anteriormente.
La propuesta fue lanzada por el norteamericano David Gartland, directivo de la flamante empresa, que prometió darles a los inmigrantes 40 hectáreas de tierra aptas para cada familia pagaderas a 15 años, levantar allí un almacén con un crédito anual de mil pesos por familia a un interés del 9 por ciento por año, mas animales y semillas para desarrollar las tareas agrícolas.
Unos ochocientos irlandeses aceptaron las propuestas pese a las objeciones que denunciaban quienes intuían que algo no olía bien, teniendo en cuenta la generosidad de la oferta.
Cuando los inmigrantes llegaron a la estación Napostá se enteraron que su destino se encontraba 3 leguas (15 kilómetros) más al S de la estación del ferrocarril y los colonos tuvieron que pagar por el traslado en carros hasta la nueva locación. Cuando arribaron comprobaron que no existían las casas que les habían prometido si no tiendas de campaña y no para todos, el resto vivió debajo de los árboles o en zanjas no aptas para el calor del verano y los rigores del crudo invierno casi patagónico.
Mattew  Gaughren, sacerdote católico contó que varios meses después del arribo ocurrido en febrero de 1889, la mayoría de la gente continuaba viviendo en esas condiciones y que había tenido que bendecir una gran cantidad de tumbas a raíz de la masiva muerte de infantes, principalmente de diarrea, resultado de la mala calidad del agua y la comida como así también de las condiciones climáticas adversas de ese tórrido verano. Más de 120 niños murieron en los años siguientes y para colmo de males en 1891 quiebra la Napostá Colony. En marzo de ese año, 520 inmigrantes comenzaron el fatigoso camino de regreso a Buenos Aires, sin recursos económicos y con el espíritu totalmente quebrado por el abandono al que fueron sometido.

Para Boland y Castello quienes han estudiado los hechos, el establecimiento de la colonia bajo la legislación de los Centros Agrícolas fue una jugada de la empresa Vitícola Argentina S.A para tomar dinero barato del Banco Hipotecario en cédulas, utilizando a los inmigrantes para obtener dicho crédito, transferirles luego la hipoteca a los colonos y posteriormente la responsabilidad, quedando ellos librados de cualquier acción judicial por parte del estado. Esto se respalda porque desde el inicio la compañía no pensó en cumplir con ninguna de las promesas con las que había seducido al grupo de irlandeses. A su vez la Oficina de Agricultura no cumplió con las inspecciones periódicas que debía efectuar sobre las colonias agrícolas, redactando un informe falso en 1889 en donde se podía leer sobre el floreciente desarrollo alcanzado por la misma.
Conclusión, en algún lugar a la vera de la nacional 33, o en el cuadro de la estación o en la soledad de la pampa que la rodea yacen en un desconocido cementerio las tumbas de más de cien niños muertos por la desidia y la corrupción, quizás algún día alguien encuentre sus despojos y por lo menos los rescate de su segunda muerte, la del desconocimiento y el olvido.
Ahora sí la parte de mí que se quedó cuidando la historia entre los despojos de la estación puede seguir con su viaje, ahora sí cobra sentido el apuro constructivo de la misma impulsada por Edgard Casey y las proporciones desmesuradas del tanque de agua que sirvió no solo para saciar la sed de las locomotoras, si no para envenenar con su agua mala a los cientos de ángeles que nada entendían de las promesas incumplidas que seguramente se llevó el viento del sur que no para de esparcir sus llantos por todas las soledades de la pampa.
La historia y los datos fueron extraídos parcialmente de varios trabajos publicados en la red sobre el tema
* Los descendientes del Dresden de Juan Pablo Álvarez
* Un viaje a la estación de los ángeles caídos de Santiago D. Boland
* La colonia perdida, Napostá de Cristóbal Doyne Cabré





3 comentarios:

  1. Impresionante historia!
    Un reportaje excelente!
    Un saludo

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  2. No conocía la historia, y me estoy dando cuenta que cada vez me voy involucrando más en ellas. Lo ocurrido con los irlandeses es desgarrador, sobre todo si uno pisa el lugar y se imagina las condiciones extremas de ese caluroso verano de 1889.
    Gracias por siempre estar.
    Saludos!!!

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  3. Genial la nota, soy de Bahia Blanca. Desconocia esta historia. Gracias pro compartirla. Te invito a que pases por mis pagos: el partido de Patagones. Allí tenés un pueblito pequeño yendo para la Bahia de San Blas, Juan B. Casas, también con sus historias de abandono

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