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sábado, 23 de mayo de 2015

Chillar, Buenos Aires, Argentina

Sobre la Provincial 80, antes del empalme con la Nacional 226 hicimos una pequeña parada para tomar unas fotos de una capillita de estancia confeccionada en piedra de la zona que realmente me resultó muy atractiva en si misma y en relación al entorno.


Chillar se ubica sobre la estribaciones de las Sierras de Azul y es una de las pocas ciudades bonaerenses que se sitúan a más de 200 metros de altura, 262,3 msnm para ser exactos. Dista 360 kilómetros de Buenos Aires y 60 de Azul, siempre tomando como referencia al kilometraje de la nacional 3.
Debe su orígen a un nuevo ramal del Ferrocarril del Sud (FCS), que partiendo de Empalme Querandíes generaría las estaciones 16 de Julio, Chillar y Tedín Uriburu. La solicitud para la concesión  es iniciada por la empresa ferroviaria en 1906, es aprobada en 1909, los trabajos comienzan en 1910 y culminaron el 31 de diciembre de 1911. La estación se habilitó oficialmente el 12 de mayo de 1912, dando lugar a la formación de un centro poblacional en torno a sus instalaciones. Su nombre lo toma de una estancia de la zona que a su vez lo relaciona con un vocablo originario.
La chilla era en lengua Pampa la silla de montar, y chillar era el acto de ensillar los caballos de refresco.
Italianos, españoles, polacos y vascos conformaron el grueso de la inmigración que se dedicaría a las tareas rurales en tierras muy aptas para la ganadería y el cultivo de oleaginosas.


La localidad cuenta con 3083 habitantes según el censo de 2010, un 7.5% menos si tomamos en cuenta los valores del 2001.
En la actualidad la oferta educativa es impartida por escuelas de nivel EGB inicial, primero, segundo y tercer ciclos, más una escuela media, un colegio especial y un Hogar Agrícola.
Para la recreación cuenta con cuatro clubes activos y durante todos los meses de marzo se lleva adelante la Fiesta del Chacarero, declarada de interés municipal por la ciudad de Azul, cabecera del Partido.
La visita a la localidad no es un hecho casual, Chillar a pesar de su pequeña escala cuenta con tres edificios muy significativos, su Delegación que es obra de Salamone al igual que su Matadero y el Templo del Sagrado Corazón, una construcción de estilo neocolonial inaugurada en 1920.




El artículo 4 del Decreto Presidencial 1138/2014 declara a los dos edificios de Salamone como Bienes de Interés Histórico y Artístico Nacional. La Delegación guarda la típica composición especular rematada por el elemento vertical que remarca el eje de simetría.
Sobre otro lateral de la plaza se ubica el Templo y su conjunto parroquial, desgraciadamente cuando llegué estaba cerrado, pero me sumé a unos caballeros que buscaban ser atendidos por el párroco. Durante la corta espera uno de ellos me manifestó si estaba al tanto sobre que le había ocurrido al edificio, ante mi negativa me contó que hacía aproximadamente cuatro meses, luego de la tradicional misa del sábado por la noche y a la que asiste casi toda la grey católica del pueblo, se desplomó el cielo raso de la cúpula sobre el altar y las primeras filas de bancos producto de la acumulación durante 90 años de caca de murciélado, qué??????
Sí, fue durante la madrugada del domingo siguiente a la misa sabatina, allí se escuchó una explosión muy fuerte que en un primer momento desconcertó a todos los vecinos porque no había fuego, humo ni olor a quemado, pero del desconcierto se pasó al pánico y estupor cuando entraron al interior del templo y observaron con espanto como había quedado sepultado el altar y un tercio del edificio bajo 4 metros de escombros y caca, amén de los cientos, miles de murciélagos que revoloteaban en el el interior, prontamente llamaron a las autoridades que les comunicaron una noticia todavía más inquietante, no se pueden matar a los animales, por ley está prohibido la matanza de los mismos, así que hubo que esperar la llegada de un equipo de expertos para que los liberaran sin provocar bajas. Todavía hoy hay rastros en el piso y los altares laterales que quedaron dañados y sobre todo todavía persiste el olor tan penetrante del excremento, los trabajos avanzan pero falta muchísimo, sobre todo cuando le toque el turno a la reconstrucción del cielo raso, allí vendrá un equipo de restauradores de La Plata que se harán cargo de los trabajos, pero me decía el párroco con cristiana resignación, todavía falta tanto que a veces uno se desespera...






Me despedí del párroco y seguimos viaje hacia el Matadero, el mismo se ubica tras una tranquera cerrada que no resulto ser impedimento ya que el predio está deshabitado, lamentablemente por un lado no se puede ingresar al edificio porque todos sus vanos están tapiados, espero que el interior esté conservado para que algún día el mismo pueda ser puesto en valor, esta alternativa implica el lado bueno de la imposibilidad de entrar hoy hasta el corazón del edificio.




Por suerte los dos gestos característicos más importantes del volúmen se encuentran intactos, la cruz en la torre tanque y la palabra Matadero, que inmediatamente remite a la desolación del edificio de Epecuén, en donde la palabra alcanza el grado máximo de expresión

Matadero de Epecuén




La visita a Chillar había terminado, tan solo quedaba sacarle algunas tomas al exterior del viejo hotel abandonado que se ubica frente a la vía.










El chango remisero vivió y trabajó en Chillar, su abuela todavía vive allí y siempre durante todo ese tiempo el Hotel Internacional le resultó un misterio, así que se detuvo a contemplarlo de una manera diferente, con los ojos de un viajero y hasta se le animó a alguna foto. Ahora sí fin de la visita, tan solo quedaba escudriñar por la última celosía cerrada para tratar de adivinar que había dentro de ese mundo misterioso.


Foto extraía del Blog de Américo, Anécdotas de mi pueblo, Chillar

La suerte si nos atenemos a una definición racional no es más que una probabilidad matemática, así que si calculamos que posibilidad teníamos de entrar al edificio durante la contemplación de la última ventana era 1 sobre 2. sí o nó, 50% y salió el sí, la oxidada celosía no estaba trabada, se abrió frente a la presión del amigo de Azul y la resolución del misterio sobre el interior del Hotel Internacional dependía si nos trepábamos a la ventana o seguíamos viaje.








Pedro!, apagá la luz que nos volvemos para Azul




2 comentarios:

  1. Excelente reportaje, felicitaciones!
    Estuve el Chillar hace unos años para conocer las obras del arq. Salamone y me dieron ganas de volver a visitar ese pueblo tan calido y amistoso.
    Gracias y saludos

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    1. Muchas gracias por tus palabras, Chillar resultó ser un lugar con mucho por ver y descubrir, las obras de Salamone, la estación, la iglesia con su techo caído, el hotel y sus fantasmas y supongo quedarán más historias que ameritan una vuelta.
      Abrazo cordial!!!

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