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jueves, 6 de noviembre de 2014

Punta Alta, Buenos Aires, Argentina

Me quedaron tan solo unas pocas horas para recorrer Punta Alta, así que me tuve que contentar con una mirada superficial por el casco céntrico, dejando a un lado la posibilidad de una visita a la Base Naval, de todas maneras los contactos para esa visita quedaron firmes ante una eventual vuelta.
La historia de Punta Alta está íntimamente ligada con la construcción del llamado Puerto Militar, aunque con anterioridad la zona aledaña al espacio que hoy ocupa el casco urbano estuvo poblada por grupos de originarios pertenecientes a los linajes Pehuenches y Boroga, éstos a su vez se interrelacionaron de forma "pacífica" con el blanco que comenzó a asentarse en sus territorios.
La decisión de construir un puerto militar se vincula con ciertas concepciones geopolíticas internacionales de fines del siglo XIX, que ponían el acento en el poderío naval para el desarrollo de las naciones con litorales marítimos. La idea cautiva al gobierno argentino que veía con preocupación una posible confrontación bélica con Chile derivada de cuestiones de límites.
Los motivos que sustentaban la construcción de dicho puerto en la zona cercana a Bahía Blanca eran que además de presentar facilidades de acceso, la zona contaba con excelentes condiciones para la defensa ante posibles ataques, además de servir como un imán para el desarrollo de futuras comunidades en un territorio vasto y despoblado.
Otro factor de desarrollo de Punta Alta fue el ferrocarril, precisamente el FCS fue casi el epicentro en torno al cual giraba al economía de la región; por eso cuando se decide extender las vías desde Bahía Blanca al puerto Militar, el FCS fue el encargado natural para llevar adelante aquella tarea. Los primeros trabajos en Puerto Belgrano se inician en 1898 y paralelamente se comienza con la instalación de las vías. En agosto de 1898 el primer tren partió de la estación Grünbein portando los enormes cañones que servirían en la base militar. Fue así que el incipiente pueblo comenzó a desarrollarse al ritmo de la construcción de la base, atrayendo a trabajadores que en un primer momento se habían afincado en la zona del arroyo Pareja y Ciudad Atlántida. Meses más tarde el poblado ya contaba con casas de material, hoteles, fondas, almacenes, clubes y toda clase de comercios.
En diciembre de 1910, Punta Alta recibe al primer tren que lo vincula con el otro gran puerto del interior del país, el Ferrocarril Rosario-Puerto Belgrano de capitales franceses, abrió un mercado importantísimo para el transporte de mercaderías y pasajeros, vinculando a los dos puertos con el sudeste bonaerense. En 1922 la línea se extiende hasta Bahía Blanca.
La composición inicial de la población de Punta Alta estaba integrada por obreros de la construcción, ferroviarios y trabajadores portuarios, hoy lo ferroviario se ha tornado inexistente, pero ha crecido la población ocupada en el rubro servicios y comercio, siempre ligados al apoyo de los trabajadores de la Base Naval, indudable motor del andamiaje productivo de la localidad.
Desde que quedaron iniciadas las obras del Puerto Militar en 1898, en la zona se instalaron gran cantidad de trabajadores provenientes de la Europa católica. A partir de 1901, sacerdotes salesianos viajaban esporádicamente desde Bahía Blanca para oficiar alguna ceremonia en casas particulares.
El 1904 se inician las obras de la primer iglesia y en 1942 se inaugura la actual consagrada a Nuestra Señora de Luján, con su característico campanario de 52 metros de altura.
Otro edificio significativo de la ciudad es el que ocupa el Archivo Histórico Municipal.
A partir de 1946 la ciudad sufre un gran cambio, la política gubernamental favoreció a las fuerzas armadas, experimentando la marina un crecimiento inusual. La Base Naval creció, derramó ese bienestar sobre la ciudad, que también se vió favorecida con la creación del Partido de Coronel Rosales en 1945 y la determinación de Punta Alta como localidad cabecera del distrito. Todo ese proceso de crecimiento del sector estatal benefició a la localidad que vió incrementar su población de manera considerable a partir de la década del cincuenta, llegando hasta el día de hoy cuando según el último censo contabiliza a casi 60000 habitantes.
Aprovecho la tarde para tomarme un café en el histórico Bar Central, comprar una camiseta del Rosario-Puerto Belgrano y terminar la jornada dándole batalla a un suculento asado en Otro Campo. Mañana será el último día, creo que ya ví y viví lo suficiente como para emprender el regreso, necesito un buen descanso porque el recorrido planificado para el sábado es casi demencial.

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