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miércoles, 20 de agosto de 2014

San Emilio, Buenos Aires, Argentina

Una nueva salida de fin de semana, esta vez a un lugar con historias de peso y abandonos cinematográficos.
La primera parada la establezco en el pequeño pueblo de San Emilio, ubicado sobre un camino rural que comunica los Toldos con Bragado.
Para entender los primeros momentos de la nueva colonia debemos hablar de su fundador José Máximo Fernández, hijo de Máximo Fernandez quién en 1872 compró 6 leguas cuadradas de campo, estableciéndose en la Estancia Montelén. Pasaron los años y en 1896 vende toda una fracción a Juan Meyer y en 1898, 4000 hectáreas a sus tres hijos, guardándose para sí 1200 hectáreas más.
En 1905 liquidó más tierra y se fue a vivir a Europa, dejando como dueño de sus tierras a su hijo José Máximo, quién dona una parte de las mismas al FCO para que construya la estación que llevará el nombre de su progenitor.
La Colonia San Emilio fue trazada y amojonada en 1908 dentro del campo del heredero, quién ahora estaba al mando de las propiedades de Don Máximo. La historia cuenta que éste último ya había delineado el poblado, incluso antes que el de Los Toldos, exigiendo $250 al contado por cada solar, precio excesivo que solo consiguió la atención del comerciante Alejandro Arzuaga quién compró dos fracciones, las únicas que consiguió vender. Esta situación la aprovechó muy bien Electo Urquizo, fundador de Los Toldos, quién en 1892 tomó contacto con representantes del FCO que se encontraban dando un vistazo al proyectado ramal entre Bragado y Lincoln. Urquizo les propuso que si le edificaban una estación en su "campito", le cedería gratuitamente todo el terreno que necesitaran para construir el edificio para el proyectado ramal, aparte se comprometió a formar un "pueblito" en adyacencias del mismo.
En diciembre de 1892, Urquizo recibió la noticia que la dirección del FCO había aceptado su propuesta y en seguida dio marcha al loteo, ofreciendo los lotes a un precio muy bajo, liquidando el stock de tierras en cuestión de días,así nació Los Toldos, relegando a la Colonia La Emilia a un futuro mucho más modesto, actitud que se perpetuó en tiempo ya que la misma contó al momento del censo 2010 con 142 habitantes contra los 14496 de la ciudad cabecera del Partido de General Viamonte.
La estación San Emilio data de 1893, pertenecía al ramal Bragado-Lincoln del FCO y hasta el día de hoy se desconoce la fecha exacta de fundación del pequeño poblado.
El momento de esplendor de San Emilio llegó en la década del 40, el comercio estaba compuesto por acopiadores de aves, almacenes de ramos generales, surtidores de combustible, tiendas y ferreterías. La educación estaba asegurada con la Escuela 8, fundada en 1910, y la Academia de Piano de Consuelo Larretegui.
Hoy el colegio sigue en pié, al igual que el Jardín de Infantes Alfonsina Storni, logro conseguido por el pueblo tras años de tramitaciones, pero la actividad económica se centra en lo concerniente al acopio de granos.
Posee centro de salud, unidad postal, sociedad de fomento, puesto de vigilancia, cooperativa eléctrica, el club social y deportivo San Emilio y los accesos todavía no han sido pavimentados.
La capilla Nuestra Señora de Fátima existe gracias al impulso de los vecinos, quienes inician las reuniones para su concreción en 1958. La señora Judith Horno de Adamini donó el terreno, y se consiguió también una imágen de la Virgen patrona a través de la Acción Católica Portuguesa.
Creo que gran parte del éxito de estas travesías es ir dando con las personas indicadas ante cada situación a resolver. El primer acierto fue encontrar a Mario, quién ofició de guía durante todo el recorrido, su percepción acerca de mis gustos lo llevó a indagar sobre un sitio que según él, seguramente me iba a sorprender.
Una pregunta por aquí, un dato, un recuerdo y pronto consiguió armar el rompecabezas que nos conduciría al "castillo", castillo pensé, no será el predio de la Estancia Montelén le digo con cierta excitación, no sé, yendo como para Bragado hay un edificio abandonado que tiene otras cosas dentro de un bosque muy cerrado, Montelén se instaló en mi cabeza, aquel sitio que hacía tiempo quería conocer y que nunca había podido concretar, posiblemente estaba muy cerca. Vamos, total si está abandonado y no es aquello que pienso será bienvenido igual.
Tiernos caballitos y oscuros presentimientos marcan la despedida de San Emilio, enfilamos por el camino de tierra paralelo a la vía del antiguo Ferrocarril del Oeste en busca del castillo perdido en medio del bosque, ya con semejante representación cualquier cosa con la que uno se pudiera encontrar seguramente no defraudaría, o tal vez sí y no me olvido de aquello que leí por la red sobre que en dicho predio suele deambular un personaje un tanto alterado que sabe disparar contra los intrusos, vamos me dije, tampoco hay que creer todo lo que se dice y más campo adentro donde abunda todo tipo de creencias, mitos y supersticiones.



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