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miércoles, 2 de abril de 2014

Salto, Buenos Aires, Argentina

No se tiene conocimiento sobre la fecha exacta de fundación de Salto, se sabe sí que para 1637 se distribuyeron tierras en la zona y a fines de 1737, el Capitán Juan José de San Martín realiza una incursión contra los indios, estableciendo una avanzada denominada "La Guardia del Salto".
Documentos de la época hablan sobre el accionar de los indios Pampas, "robando, insultando y matando cristianos" en el paraje denominado El Salto del Arrecifes. Para 1738 los caciques Hecanatú y Carunlomko continúan con los ataques, hecho que lleva a las autoridades locales a pedir que se construya un fuerte en los pagos del Arrecifes para la defensa de la jurisdicción contra los "indios infieles que andan cometiendo tropelías contra la gente cristiana".
Para 1752 se establece la compañía de Blandengues "La Invencible" en el fortín del Salto, y entre 1772 y 1775 la tradición indica la existencia del primer núcleo poblacional, diezmado en 1778 a raíz de la epidemia de viruelas que asola la región.
En 1801 el pago de Salto, aparece como partido, durante el Virreinato del Mariscal de Campo de los Ejércitos Reales, Gobernador y Capitán General del Río de la Plata, Don Joaquín del Pino y Rosas.
El 2 de diciembre de 1820, el general chileno José Miguel Carrera, aliado a los indios que comanda el Cacique Yanquetruz, asalta y destruye el salto, siendo este acto el acontecimiento más significativo luego de la Independencia.
La historia reciente nos sitúa a Salto en un punto estratégico de la pampa gringa, con excelentes tierras para el cultivo y la ganadería, regada por ríos y vías férreas, sembrada de estancias, graneros y caminos.
La Plaza San Martín y su iglesia catedral consagrada a San Pablo Apóstol dominan al centro de la ciudad, arterias comerciales y edificios públicos completan el panorama central de una población que mira hacia el río y la franja costera bañada por el mismo. El balneario es uno de los más frecuentados, no sólo por sus habitantes, también por arribados de localidades aledañas que encuentran aquí todo el equipamiento necesario para pasar jornadas plenas. En el edificio blanco funciona el Museo Arqueológico, sitio un tanto resistido debido a que muchos creen que otro destino más popular y masivo le sentaría bien al predio principal del balneario.
La visita por la ciudad continuó con la instalación dedicada a Pancho Sierra, al Molino Quemado, las estaciones ferroviarias y los puentes que coquetean con un río que cambia de nombre al paso por cada localidad.
El clima del último fin de semana largo me permitió aprovechar muy bien el tiempo, no solo dentro del área urbana, también recorriendo casi todos los pueblos del Partido en busca de los clásicos, abandonos ferroviarios, calles de tierra, puestas de sol, momentos detenidos en el tiempo y una joya total que dejaré para el final del recorrido.
El Molino Quemado es visita obligada para quienes arriban a la localidad, se ubica en las proximidades del mismísimo salto del río, ahora reconstruido y que decidí no mostrar para generar expectativas en quienes pretendan visitar la ciudad.
Su construcción data del 1856, cobrando importancia ya que desde aquí salió una de las primeras exportaciones de harina hacia los Estados Unidos. La parte principal del edificio propiedad del inmigrante italiano David Lanata, era de unos cincuenta metros de frente repartidos en dos plantas. El arroyo Saladillo Chico bordeaba toda la construcción y su rueda principal se hallaba sobre el río Salto. Su nombre alude al incendio que sufrió durante la madrugada del 5 de abril de 1931, hecho que lo destruyó por completo.
Se llega hasta él mediante un camino de tierra prolongación de la costanera, modestamente creo que debería por lo menos consolidarse el camino ya que en época de lluvia llegar hasta sus ruinas se torna difícil, siendo uno de los motivos turísticos más importantes de Salto.
El otro sitio que convoca la atención de los viajeros es la tumba de Pancho Sierra.
Francisco Sierra nació el 21 de abril de 1831 en el caserío de Salto según datos aportados por él al momento de iniciar trámites sucesorios, ya que nunca fue hallada su partida de nacimiento.
En el año 1820 su abuela, Doña Toribia López de Sierra fue raptada por el malón del Cacique Yanquetruz, con la participación del general invasor José Miguel Carrera, éste hecho vincula a su familia con los orígenes mismos del núcleo poblacional.
Según cuentan sus biógrafos y contradiciendo voces populares, nunca estudió medicina aquí o en Europa y sus atribuciones sanadoras se manifestaron cuando decidió recluirse en el establecimiento San Francisco debido a un desengaño amoroso que lo mantuvo alejado de la sociedad por un tiempo prolongado. Su retorno sorprendió a sus allegados ya que según manifiestan volvió mucho más reflexivo, abstraído y sumamente interesado por los males que aquejaban a sus semejantes. Después de vivir un tiempo en la ciudad de Rojas, se instala definitivamente en la estancia El Porvenir, herencia paterna, ubicada en Carabelas, asumiendo el papel de confesor, hombre de fe y médico, desarrollando sus dotes sobrenaturales que trascendieron más allá de las fronteras del país.
Murió un 4 de diciembre de 1891, un mes antes del deceso predicho por él mismo dio por finalizada la misión que se había auto impuesto.                                                                                                       Varias esculturas lo recuerdan sobre una calle lateral del cementerio local, como así también una infinidad de placas y objetos dejados por quienes vieron cumplidos sus ruegos. Cada diciembre se reúnen cientos de seguidores y fieles que renuevan el mito de éste santo popular.
 Tras cuatro meses de ausencia en los caminos, producto del calor, la lluvia, el trabajo y enfermedades en la familia, la vuelta al mundo del descubrimiento fue un renacer, cuando los tonos grises oscuros se habían apoderado de los días como una telaraña que cada vez agobiaba más y más.
Para finalizar el capítulo Salto y en un hecho poco frecuente en mis notas acompaño tres imágenes del Hotel Claus, en honor a las personas que me brindaron afecto e información. Excelente atención, gastronomía y ambientación valen la pena ser mencionados.
Maldigo el no haber llevado el pato de hule y flotar abrazado a la muñeca inflable hubiera sido muy bizarro.

2 comentarios:

  1. Hola, Rodo!
    Qué suerte volver a leerte! Hace unos días estuve paseando por algunos pueblos y ciudades, tomando fotos, (Cañuelas, Uribelarrea, Lobos y S.M.del MOnte), y me fue imposible no pensar en tus post!! Gracias por compartir estos sitios que, para personas como yo, con avidez de exploración y pasión fotográfica, son una invitación permanente. Gran abrazo!

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  2. Patzy, urge, impera, desespera la necesidad de ver el registro fotográfico de ese periplo, tu mirada elevará el nivel de las miradas de nosotros, simples mortales.
    Abrazo!

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