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domingo, 6 de abril de 2014

La Invencible, Buenos Aires, Argentina

La tarde del sábado me tenía reservada una puesta de sol en tonos dorados y naranjas, colores que pasan desapercibidos en medio de las grises paredes que conforman la cárcel urbana, noche tranquila y el domingo amanece vestido con un celeste bien intenso.
Pasadas las 8.00 salimos rumbo a La Invencible, pequeño pueblo sobre la ruta 31, a 17 km de Salto.
El pueblo es muy pequeño, tiene dos avenidas en forma de T, que resuelven todo el equipamiento y precisamente en el cruce de ellas se destaca el restaurante de campo Don Pascual y la panadería Villamitjana, este almacén y despacho de pan se conserva desde 1920, lamentablemente los dos edificios han sufrido modificaciones en sus estructuras como en sus aberturas, quitándole ese realismo mágico que guardan las construcciones centenarias. Por suerte la pequeña estación del Lacroze sigue intacta a la espera que llegue su tren.
Las estaciones de chapa me dan ese aire patagónico...
No es para quedarse sentado imaginando que llega el tren
Hasta el detalle de las cortinas
La Invencible es de esos lugares para venir a pasar el día completo dejándose tentar por su restaurante, su panadería, su espacio recreativo y su balneario, pueblo para caminar despacio haciendo crujir las hojas que regala el otoño, respirando profundo, aboliendo relojes, ringstones, wassap, agendas y crispaciones.
Haría un agujero en el frente de casa, me llevaría la chapa, la ventana y la pondría ahí (leer con el tono de voz y la gesticulación del Negrito Olmedo).
Volvemos al camino buscando la penúltima parada, la única estación del BAP del partido, un sitio remoto, preservado por un camino de tierra que dificulta la conectividad.

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