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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cepeda, el poder de un nombre, Santa Fe, Argentina

Definitivamente la ruta invisible es otra cosa, un camino de tierra propicia la soledad, el andar lento, se puede mirar, oler, pensar, uno se puede parar sobre un puente para contemplar otro puente que aparece desafiante, o simplemente detenerse para ver como el agua de un arroyo se desliza mansa buscando su destino de río marrón, esquivo un remolino de polvo, desafío la idea de vacío que a veces me asusta y sigo buscando el último rincón.

No encontré referencias sobre los orígenes de Cepeda, sólo aclaratorias sobre que las famosas batallas no se libraron en su suelo, si no en tierras del norte bonaerense sobre el arroyo homónimo, cerca pero lejos también, en cambio caminando su pequeña superficie volví a percibir ese sabor a pasado escondido, la estación, la plaza cercana, los silos y su custodia alada, las texturas que transpiran tiempo, aparecen huellas, líneas que trazan puentes, pájaros que huyen tristezas, saludo uno, saludo dos, saludo tres.
Como que se va si recién lo vi llegar, lo siento es que miro y me voy, vine a mirar para aprender.
El último rojo se me aparece recurrentemente, hay imágenes que se vuelven muy nítidas cuando uno necesita escaparse diez segundos del infierno diario, la figura de ese árbol grabada en el vidrio aunque el árbol ya no esté no se va a diluir tan fácilmente
Avanzo tres casilleros hasta dejar atrás la ruta invisible, ahora el asfalto de la provincial 90 reclama otra atención, aunque ese rojo no quiera soltarme.

3 comentarios:

  1. La manera de integrar las imágenes con el relato que tenés, es fantástica. Concreto, específico y, por sobre todo, con un objetivo claro al que apuntás y acertás, llegar a tu público, conmover y divulgar estos pueblos argentinos. Y no me canso de felicitarte. Abrazo.

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  2. Ocurre que hay objetos que levantan la mano con demasiado vigor para que uno les preste atención y los registre, uno de esos objetos fue la ventana roja con la cual lucho feroces batallas, sobre todo cuando pienso que ese reflejo no se correspondía con nada que estuviera enfrente, ese árbol estaba grabado en el vidrio como registro de la historia, sí ya sé, pocas horas de sueño o exceso de té de mburucuyá, puede ser, puede ser.
    Gracias por siempre. Abrazol !

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  3. La casa d mi padre estaba frntr escuela primaria

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