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viernes, 13 de septiembre de 2013

Bigand, las fotos del optimismo, Santa Fe, Argentina

Desafiando camiones, autos y toda lógica saco la primera foto parado en medio de la ruta, es que cierta geometría, quizás la caligrafía, y seguramente la ausencia de la "i" me suponían estar parado a las puertas de Bagdad.
Bajo la idea de instalar un molino harinero, Honoré Juan Bautista Bigand, un ilustre francés, adquiere entre 1878 y 1880 tres fracciones de tierra de la denominada Colonia Urquiza, denominación dispuesta por el presidente de la Confederación Argentina y que cambiara a Colonia San Pablo luego de producida la venta. Dicha colonia cuenta con 12164 hectáreas, dentro de las cuales en 1909 su hijo Víctor Bigand funda el pueblo que hoy lleva su nombre. Una visión progresista para la época lo hace visualizar la relación existente entre la producción agropecuaria y el gran puerto ubicado a las márgenes del río marrón, dicha vinculación se corporiza en al figura del ferrocarril, por ello funda la colonia a la vera del incipiente trazado del Rosario-Puerto Belgrano. En la época en que se solicita la aprobación de la traza del pueblo se hallaba en vigencia una ley provincial que exigía por parte del colonizador la donación de tierras para la construcción de edificios de carácter público como ser Comisión de Fomento, Juzgado de Paz, Escuela, Iglesia, Hospital y Cementerio. La fecha oficial de fundación de Bigand se registra el 15 de julio de 1909.
El legendario Angueto ya alejado del estrellato televisivo es sorprendido en su solar de retiro por la presencia del "fenómeno", una sombra errante que le recuerda sus tiempos de invisibilidad.
Un eje transversal a la ruta vincula a la estación con la iglesia, recorrido interrumpido por la aparición del edificio del Correo y otras construcciones de esquina detenidas en el tiempo en los albores del siglo XX.
Buscando alguna historia fantástica que pudiera sorprenderme me encontré con una que cuenta que a fines del 2001 Octavia Bigand una dama nonagenaria, hija del fundador, decide dictar su testamento. Sin herederos y dueña de campos valuados en cuarenta millones de dólares decidió que su fortuna sea usada para obras de bien en el pueblo que su padre Víctor un día pergeñó. La señorita Octavia muere un día del año 2004 y a tres años de esa fecha el pueblo tan solo recibió escuetas migajas de tal suculenta cifra, el pueblo, ya que el verdadero gran beneficiario fue el abogado encargado de los trámites sucesorios que recibió 21 millones de pesos en conceptos de honorarios. La noticia data del 2007, y me interesaría saber cual es el estado de la causa al día de hoy, ya que para el momento de la nota el dinero volcado a la comunidad no superaba los cincuenta mil pesos contra los 21 millones que se había embolsado el letrado.
Busco a mi amigo el Fine, anda por Rosario, evidentemente andamos a destiempo, me siento en la plaza, me sorprendo con la amplitud de las calles, de a poco empiezo a sentir que Bigand será uno de esos lugares que uno va a extrañar...

2 comentarios:

  1. Un pueblo y un artículo encantadores, ambos! Unas fotos reveladoras...la ventana blanca con la maceta roja, la sociedad italiana instalada en el pueblo fundado por un francés, el recorte de tu sombra en retirada...y la historia tan argentina, del abogado corrupto! No te te faltó nada...o sólo tu amigo Fine! Je! Abrazo, Rodo.

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  2. Los pueblos empiezan a revelar además de sus viejos edificios, sus historias fundacionales, su tiempo detenido, un brusco despertar que los desconcierta, sobre todo a aquellos que no sufrieron el cierre de los ramales ferroviarios y que siguen con el ritmo pausado y sereno de hace cien años.
    Gracias Amiga por seguir la historia, todavía faltan trece capítulos más, siempre y cuando algún Chuck Norris de las pampas inquietas no me vuele el cerebro por las dudas.
    Abrazo, Patzy

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