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miércoles, 21 de agosto de 2013

Buscando al llanero solitario. Cruce de vías, paraje sin nombre, Santa Fe, Argentina

La pampa es monótona, la pampa no tiene geografías que puedan esconder lugares sorpresa, por lo menos eso creí siempre, también el andar por tantos caminos le ha dado a uno cierta gimnasia que tiene que ver con el preguntar, hacer la pregunta precisa al interlocutor exacto, sucedió entonces que indagando sobre algún lugar diferente surgió por primera vez el nombre de Francisco Paz.
-Conoce Francisco Paz
-No, nunca lo sentí nombrar, para donde queda
-Entre Máximo Paz y Santa Teresa sale un camino de tierra, de ahí serán ocho o nueve kilómetros
-Y que tiene de particular, que hay
- Y vive muy paca gente, por ahí veinte personas, menos quizás, nadie va a Francisco Paz
-Nadie va a Francisco Paz, nadie va a Francisco Paz, nadie va a Francisco Paz..., listo ese es mi lugar.
Ese día llegué a casa e inmediatamente me puse a buscar imágenes e información sobre Francisco P., enseguida apareció una nota redactada para el diario La Capital que hablaba sobre el pueblo de una esquina sola, tres cuadras desoladas en la que vivían tan solo ocho personas, dos familias, un pueblo con un imponente surtidor de combustible totalmente oxidado, varias taperas, una escuela abandonada en medio de la maleza, la esquina en cuestión y una estación de trenes bastante derruida, en síntesis el escenario perfecto para el amante del óxido. Unos días mas tarde un lugareño me confirmó los datos pero agregó la inquietante frase, es un pueblo fantasma, creo que vive una sola persona, un mecánico que no se quiso ir, y que es bastante raro, y claro como no ser diferente viviendo totalmente solo, toda tu vida es un constante monólogo.
Cierta mañana de invierno llegué al cruce de caminos en cuestión, ruta provincial 90 y una huella que se pierde tras el horizonte verde, la primer sorpresa llegó de la mano de un cruce de vías con unas instalaciones abandonadas sumidas en el mas absoluto anonimato, solo me encontré con que la vía principal pertenece al NCA, en su ramal Villa Constitución-Río Cuarto, y la otra, la fantasma a otro ramal del NCA, Pergamino-Cañada de Gómez, curioso tramo sin vías, curiosa concesión. Esperé a que pasara alguien para así preguntarle sobre el nombre del lugar, nadie pasó, nada hay sobre dicha intersección y todavía me faltaban unos cinco kilómetros para llegar a Angkor Wat, otro Angkor Wat.
Durante esos interminables cinco kilómetros revolví en la memoria buscando situaciones posibles, imágenes probables, así desfilaron la Mansión de Invierno en Empedrado, la estancia de los Tezano Pintos, la estación del Paraje Los Muchachos, la iglesia neogótica de Máximo Fernandez, las ruinas del pueblo de Oroño, Naico y Cachirulo, todos los Angkor Wat criollos que pude recorrer y la idea que seguramente me iba a cruzar con el llanero solitario le agregaba incógnita y tensión al andar.
En un determinado momento comencé a divisar la arboleda, el bosque que se tragó a la estación, por lo menos así me pintaron la situación y debo creerla porque ya la viví en otras locaciones, falta kilómetro y medio, nada.

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