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domingo, 22 de enero de 2012

Entre nazis y ánimas en pena, los enigmas del Hotel Viena, Miramar, Córdoba, Argentina

Hay tanto para contar que no sé como empezar. Corría el año 1936 cuando una familia alemana-austríaca compuesta por Máximo Palkhe, su mujer Melita y sus dos hijos Ingrid y Máximo jr. deciden emprender un viaje a Miramar para tratar en las cuasi milagrosas aguas de la lejana laguna, el asma y la soriasis que afectaban a Melita e hijo, don Máximo era gerente general de la compañía alemana Manesmann, fabricante de caños sin costura y según consta en los archivos de Nüremberg, ligada al nacionalsocialismo como proveedora del ejército. La familia pasa una temporada en Córdoba debido a la mejora que notan en los miembros afectados y deciden a la vuelta a Buenos Aires que era propio invertir en un hotel, un poco como agradecimiento al sitio que aplacó las dolencias y mucho como inversión.
Se asocian en un primer momento con la dueña de la pensión Alemana, asociación comercial que no prospera y así y en sucesivas etapas entre 1940 y finales de 1945 se erige una mega construcción de escala monumental para un pueblito de menos de 2000 almas, allá lejos de todo y todos.
La construcción estuvo a cargo de una empresa alemana y otra cordobesa, ligadas a la obra del Hotel Edén en La Falda. Al finalizar su construcción, el hotel contaba con 84 lujosas habitaciones, pabellón termalizado (con médico, enfermera y masajista), biblioteca, sucursal bancaria, salón comedor para 200 comensales, vajilla de loza inglesa, copas de cristal, cubiertos de plata, lujosas salas con pisos de granito, paredes forradas de mármol de Carrara y arañas de bronce con estalactitas de cristal. Aire acondicionado y calefacción central, lugar para faena de sus propios animales, cochera con surtidor propio, medios de transporte al servicio de los pasajeros, bodega con más de 10000 botellas de vino y despensas cargadas de alimento como para alimentar a 100 huéspedes durante todo un mes.
Hasta aquí puede verse como un visionario emprendimiento de un acaudalado empresario alemán, que apostó a lo mejor de la tecnología de su país para adaptarla a la realidad de éste pequeño enclave desértico del N cordobés, todo bien si no fuera porque....

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