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jueves, 23 de octubre de 2014

Dique La Viña, Córdoba, Argentina

Dependía de la buena estrella si quería llegar justo a tiempo para contemplar la puesta de sol desde el dique La Viña, sobre todo porque no tenía ni idea a que hora ocurría el mismísimo fenómeno, como así también la distancia exacta desde el hotel hasta el murallón y si desde el murallón tal visión era posible, sin contar todavía lo más grave, como demonios iba llegar hasta allí, la balanza estaba totalmente desalineada, en un plato todos los contratiempos y del otro lado las ganas y la voluntad casi inquebrantable.
Me cruzo a la terminal, el colectivo me deja a 6 kilómetros del dique, imposible, taxi no hay, drone no tengo y el último cuete por la estrósfera había partido a las 17:49.
Pasadas las 18:00 y con el sol ya empeñado en dibujar sombras largas empiezo a caminar a la espera de cruzarme con algún taxi, quizás no reparo que a pesar de la hora, es domingo y no estoy en Corrientes y 9 de Julio, doblo por la avenida de la mansión maltesa con la idea de dirigirme al centro, de repente taxi, taxi a la vista, le hago seña, para, subo, le digo que quiero hacer, me mira por una fracción de segundo y me dice, vamos, estamos a tiempo.
El dique queda a 25 kilómetros de Villa Dolores, tenía unos cincuenta minutos para llegar hasta el paredón, los cálculos previos parecían estar de mi lado.
Primera foto 18:41
El proyecto del embalse lo presentó en 1938 Luis Antonio Medina Allende, Director de Obras y Servicios Públicos de la provincia, durante la gobernación de Amadeo Sabattini.
Un año después comenzó la construcción del dique diseñado por Fitz Simmons, tras cinco años de trabajo, el 15 de junio de 1944 se dan por concluidas las obras. En 1952 comienza la edificación de la usina eléctrica y en 1959 se realizó la primera conexión a la red.
El hecho que distingue al dique La Viña es que su paredón es el más alto de Argentina, 106 metros, con un largo de 317,27 metros. La regulación del río de los Sauces, mediante el almacenamiento de sus aguas hace que se aproveche el 90 por ciento del caudal medio anual, hecho que permite el riego de 24.000 hectáreas.
La central está equipada con dos turbinas de eje vertical, el espejo de agua tiene una superficie de 1050 hectáreas y una profundidad de 100 metros.
A esta altura de las circunstancias estoy evaluando que desde el paredón la vista de la puesta de sol no va a generar los resultados previstos, así que le comunico a Neri, recuerden ese nombre, que mañana será protagonista de un hecho de connotaciones entre bizarras y cómicas, le comunico entonces la intención de bajar hacia los clubes de pesca ubicados lago abajo.
Pasadas las diecinueve con el sol poniéndose tras el paredón y un repentino aire frío invadiendo la playa, me dispongo rendido a contemplar la carta que la naturaleza tiene para jugar durante esos minutos de gloria.
Empachado de ocres, rosados y naranjas, doy por finalizado el primer día del viaje, ahora solo resta volver, buscar un lugar cerca del hotel donde comer y poder escribir las impresiones de la jornada, el frío es intenso, los colores se rinden solemnemente a la noche y la dicha me excede.
Última foto 19:30

Altautina, Córdoba, Argentina

Llegar hasta Altautina implica transitar una veintena de kilómetros por un estrecho y meandroso camino que alguna vez, a finales del siglo XIX fue abierto por el Cura Brochero para el tránsito de la madera necesaria para los techos de sus obras. El tramo en cuestión delineado por él en 1870 partía desde Pocho, pasaba por Altautina y terminaba a las afueras de Villa San Pedro, así este camino de herradura pasó a engrosar el sistema de vías de comunicación diseñadas e impulsadas por el Cura entre Soto, la Villa del Tránsito y Villa Dolores.
Un domingo por la tarde el movimiento que presenta el minúsculo caserío es algo totalmente fuera de lo común, ya que su pulpería recibe a varias decenas de personas que bajo el frescor del cuatricentenario algarrobo blanco pasan una jornada distendida jugando a las cartas, tomando fernet, escuchando música y fútbol, anécdotas, chismes y cuentos mediantes.
El famoso algarrobo blanco del Potrero de Altautina es aquel que ni cuatro hombres que sumen sus brazos pueden llegara a abrazar y les aseguro que aquella referencia popular adquiere rigor matemático cuando uno  intenta la acción y comprueba que todavía ni llega a cubrir el 25 % de toda la superficie del tronco.
Para la época del Cura Brochero toda la zona estaba cubierta de un espeso monte nativo atiborrado de algarrobos y quebrachos, pero por favor la deforestación que hoy nos devuelve el transitar por los centenarios caminos no se la endilguemos al cura, fue en gran parte obra de un siniestro personaje que vivió en Dolores y que con el tiempo haciendo negocios con la madera entre otras cosas llegó a convertirse en uno de los terratenientes más acaudalados del país, me refiero a Juan Manubens Calvet, político, empresario que hizo grandísimos negocios con el estado talando gran parte del bosque nativo sin control alguno. De su accionar y la fortuna de la herencia judicializada estimada en 400 millones de dólares hablaré el día que llegue a Pinas, su estancia en la zona de los túneles de Chancaní.
Mientras Alejandro y su amigo se encontraban con conocidos, son todos de Dolores me dice, todos los fines de semana se escapan y se vienen a cargar la batería para poder sobrellevar la semana laboral, acá no los jode nadie, sentencia con un  rigor sociológico imposible de refutar, yo me dedico a contemplar la capilla, construída y no podía ser de otra manera por el Cura Brochero en 1880 y ampliada por él mismo en 1896.
Mientras contemplaba la belleza que encierran esas cuatro líneas que componen la capilla terminé por cerrar la idea sobre como quería concluir el primer día del viaje, teniendo en vista todo lo bueno transcurrido hasta ese momento, así que volví hacia la pulpería, rechacé la oferta de fernet, saludé a todos los que pude y le corté el relax al amigo Alejandro. Así a las cinco y media de la tarde regresamos para Dolores con la mirada puesta en el reloj ya que debía encontrar como hacer para ir al próximo sitio y estar en él a la hora señalada.