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martes, 31 de marzo de 2015

Coronel Seguí, Buenos Aires, Argentina

La tierra del camino que corre paralelo a las vías del FCO me deposita en un pequeño pueblo del Partido de Alberti denominado Coronel Seguí.
El relato histórico nos dice que el 5 de diciembre de 1907 el The Buenos Aires Western Railway Limited habilita al tráfico la estación Coronel Francisco Seguí para su ramal Suipacha-Bayauca.
Originariamente la misma se ubicaba en el cuartel V del Partido de Chacabuco, pero en el año 1910 pasa a formar parte de Alberti, según la ley de creación de éste último, promulgada el 10 de junio de 1910.
La zona contigua a la parada se denominaba El Paraíso en alusión a la estancia de Don Nepomuceno Tererro, propietario de una extensa fracción de tierras que desde el Río Salado se adentraba en el Partido de Chivilcoy. A partir del 1866 esta porción de tierra pampeana comenzó a fraccionarse, adquiriendo parte de la misma Don Thomas Elliff, un irlandés que sería el propietario de las tierras en donde se asentó la estación del FCO.
Italianos, irlandeses, portugueses, españoles, uruguayos y criollos serán los primeros habitantes de un núcleo poblacional formado en torno a la parada ferroviaria. El loteo que determinará el trazado del futuro pueblo fue posterior al establecimiento de los primeros pobladores, ese hecho determinará que su actual trazado no corresponda a la forma de damero planificado que presentan otras poblaciones cercanas como Coronel Mom o la mismísima Villa María, núcleo habitacional primigenio que devino en fantasmal al no ser favorecido con el paso del ferrocarril.




Recorrer el pequeño asentamiento pampeano de 146 habitantes resultó ser una circunstancia muy motivante, el encuentro con la Capilla del Santo Cristo escondida detrás de los sembrados, las callecitas de eterna sombra, las casas en ochava, la textura del ladrillo, las publicidades del recuerdo y esos silencios centenarios interrumpidos por algún saludo con algún vecino, siempre a paso deliberadamente lento por los suelos de antaño.






El 10 de mayo de 1910 Doña Herminia Herrera de Lagrotte inaugura el ciclo lectivo de la recientemente creada escuela 26, ofreciendo unas sentidas palabras a Emilia, Anatilde, Gregoria y Leontina, las cuatro alumnas inscritas. El edificio que constaba de una sola aula fue trasladado a una casa próxima a las vías del ferrocarril hasta 1949, año en que se construyó una edificación acorde a las necesidades de una población creciente. Hoy dicho edificio alberga a la escuela 23 Vicente Barbieri.
Coronel Seguí cuanta con sala de primeros auxilios, dos firmas cerealeras, cooperativa eléctrica, servicio de agua corriente, biblioteca pública, Internet, el club Independiente y un sentido reclamo en pos del pavimento que nunca llega.


El viaje continúa por el maltrecho camino de tierra en la búsqueda del último pueblo del recorrido, todavía hoy en la distancia temporal me vuelven recurrentemente las imágenes del placer que significó caminar bajo esas sombras sobre esas históricas veredas a paso deliberadamente lento.

domingo, 1 de marzo de 2015

Colonia Velaz, Buenos Aires, Argentina

Dedicado a Patzy

En los inicios del siglo XX Colonia Velaz era tan solo una estancia, "La Española", propiedad de Eloy Velaz, 2000 hectáreas que contenían diseminados en su interior puestos habitados por inmigrantes recién llegados.
Su propietario decidió conformar un pequeño casco urbano en donde sus trabajadores pudieran conseguir y comprar todo lo que no lograban producir en sus chacras, además de fundar un colegio al que asistían los hijos de los puesteros.
Para 1933 se produce la subdivisión del campo en parcelas de entre 30 y 40 hectáreas, muchas de ellas compradas por los mismos inmigrantes que ya trabajaban esa tierra. También para esa fecha se establece la estación del FCCC perteneciente al ramal Buenos Aires-Rosario, ramal activo desde 1908.
Esos hechos generaron el progreso de la colonia, llegaron los comercios, el destacamento policial, el correo, y el salón social Riama Mencor, en donde se realizaban bailes, fiestas, obras de teatro y proyección de películas, todavía los memoriosos recuerdan la participación de Juan Carlos Altavista y Juan Carlos Chiappe
animadores del circuito del radioteatro durante la década del cincuenta.
Se formaron también el club Defensores de Colonia Velaz vencedor del campeonato que le permitió acceder a la primera de la Liga Sampedrina en 1956 y la biblioteca Rafael Obligado.


Todos los edificios nacidos en el momento de esplendor de la colonia hoy se encuentran abandonados, el almacén, el club, el teatro, la estación, quedan sí algunas casas sobre las vías y mucho silencio.
El despoblamiento comienza en la década del sesenta, cuando los jóvenes son atraídos por las mejores condiciones de trabajo que ofrecían las ciudades, producto de la masiva instalación de fábricas resultantes del proceso de sustitución de importaciones y las políticas desarrollistas que desembarcaron en toda la región, ayudado por la baja rentabilidad de los campos subdivididos en pocas hectáreas y el crecimiento de algunos pueblos cercanos que ejercían la atracción para los mayores que encontraban en ellos servicios de salud, comercios y ciertos estándares de confort que el campo no brindaba.
El golpe final lo asestó la pérdida del servicio de pasajeros, el cierre de la estación y la posibilidad del despacho de cargas y cereales, agravado por un pavimento que todavía es esperado por quienes lograron resistir todas las tragedias que se fueron abatiendo sobre Colonia Velaz.


Dejo Colonia Velaz con ese sentimiento de haber dejado algo en el lugar, algo de uno queda en esos sitios que te producen un impacto emocional, será por tanto silencio, por esos edificios vestidos todos del mismo color que guardan tras sus paredes la alegría de un baile, los enojos tras una mano de truco perdida, los aplausos después de una poesía escrita y recitada como remedio ante algún dolor de alma. Algo de uno queda entremezclado con esas imágenes y sonidos atrapados por la historia.
Volvemos por la ruta sin número releyendo los paisajes que fuimos descubriendo a la ida, por suerte se larga a llover justo cuando entramos al asfalto de la nacional 188, circunstancia que provocará que no paremos en Guerrico para visitar su estación, todavía nos queda un pueblo más antes de llegar a Pergamino, esperando que la nube pasajera no viaje sobre nosotros.



domingo, 7 de diciembre de 2014

Cayastacito, Santa Fe, Argentina

Cayastacito será el pueblo que cierre la serie dedicada a Laguna Paiva y sus alrededores. Para llegar hasta él hay que transitar 24 kilómetros por la tierra de la provincial 2.

La historia nos cuenta que en 1783 fueron establecidos los pocos originarios Charrúas, unos cincuenta, que quedaban de la Reducción de Nuestra Señora de la Concepción de Cayastá, ubicada en Cayastá Viejo, que debió trasladarse por las hostilidades provocadas por los originarios Avipones y Mocovíes "no reducidos", por este acto el lugar recibe el nombre de Cayastá Chico.
El vocablo Cayastá aparece por primera vez en un antiguo documento de 1607, en que el estanciero y encomendero Alonso de San Miguel habla de su encomienda de "indios caiastas". Para el Padre Fernando Labrador la palabra deriva de la transformación fonética de "kollasta", que podría ser la aglutinación de kolla con astay, vocablo referido al concepto de mudanza, así Cayastá podría significar pueblo colla que se muda, en relación al hecho acontecido en 1873.
La reducción fue trasladada nuevamente en 1794, pero el lugar sirvió como avanzada estratégica para el acantonamiento de tropas en su lucha con los "salvajes".
A mediados del 1800, el hijo de un cacique afincado junto al Río San Javier abandonó las tierras para dirigirse hacia el oeste, estableciéndose en proximidades del Arroyo Aguiar. En 1863 el Ejército del Norte encontró a estos originarios "amigables", junto al curso de agua y buena pastura para los caballos, procediendo a instalar en el sitio el Primer Cantón de Avanzada en el Norte, el hecho determinaría la posterior fundación del pueblo de Cayastacito.
En 1864 el Gobierno Nacional dispuso una serie de fortines entre San Javier y La Ramada, dentro de los cuales se ubicó nuestro pueblo que fue ratificado como asiento de la Comandancia General de la Frontera Norte. En 1866 se asiente conceder tierras a quién quisiera poblarlas, y para 1884 existía en el lugar la Subdelegación de Colonias y Campaña del Norte que luego fue trasladada a San Justo.
En 1908 llega la sección San Cristóbal-Santa Fe del FCCN e instala la estación que quedará habilitada al servicio público el 25 de junio de 1917, hecho que dará un nuevo impulso al lugar.

Después de la compra y nacionalización de los ferrocarriles extranjeros durante el gobierno del General Perón, el FCCN pasa a constituir el Ferrocarril Nacional General Belgrano y el ramal en cuestión es nombrado como C, vinculando La Quiaca (Jujuy) con Santa Fe. Hoy la estación no cumple funciones ferroviarias, está ocupada en regular estado de conservación y sus vías se encuentran activas recibiendo esporádicas formaciones de Trenes Argentinos Carga y Logística, actual denominación del Belgrano Cargas.



La población actual alcanza los 329 habitantes, registrándose un descenso sobre las 343 censadas en 2001.


La vuelta por los pueblos y ciudades cercanos a Laguna Paiva incluyó a Constituyentes, Cayastacito, Cululú, Manucho y Nelson, de cuatro de ellos solo hay material ferroviario volcado al blog destinado a dicha temática, dejo para los interesados 1 foto y el enlace a cada historia ferroviaria.