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domingo, 13 de noviembre de 2011

Uno para arqueólogos, San Mayol, Buenos Aires, Argentina

El 1° de noviembre de 1907 se habilita el ramal ferroviario Tres Arroyos-Lobería, ello dio lugar a la construcción de la estación en tierras cedidas por Felipe Mayol de Senillosa, quien había formado una colonia agrícola. Su esposa María Luisa Cramer de Mayol fue digna continuadora de su obra, además apoyó distintas iniciativas y realizó importantes contribuciones para la construcción de la iglesia dedicada al Sagrado Corazón. Por su parte, su hijo el Ing. Jorge Mayol, dio gran impulso urbanístico a la localidad. En la década del treinta era una localidad pujante, con servicios telefónicos, de correo y telegráficos, una Cooperativa Agrícola que centralizaba los negocios de más de un centenar de productores, el Club Atlético y Recreativo San Mayol, talleres, comercios y una dinámica gestión de una Sociedad de Fomento. El cierre del ramal ferroviario, sumados a la tecnificación del campo inició el éxodo poblacional del cual nunca llegó a recuperarse, contando hoy con 85 habitantes. Se ubica a 30 km al E de Tres Arroyos, con accesos por caminos de tierra que deben volverse intransitables cuando caen más de diecisiete gotas.

Desolación pampeana, Arturo Vatteone y Tres Lagunas, Buenos Aires, Argentina

Dos estaciones del FC Roca cerradas, diez casitas en total, latifundios de apellidos ilustres, una vaca entrando por vía 1, un mirador instalado para espiar al hereje durante "la conquista del desierto", el gran genocidio que atravesó nuestro territorio, hasta hoy impune, mucho vacío, mucha soledad, mucho abandono, postales que se suceden una tras otra siguiendo los tendidos ferroviarios levantados, cuarenta años de expulsiones y desarraigos han vaciado la región.

martes, 8 de noviembre de 2011

Compases finales, cae la tarde sobre la Villa Epecuén, Buenos Aires, Argentina

Vuelvo vencido, no a la casita de mis viejos, sí nó al mundo de la indiferencia, puedo asegurarles que un lugar como Epecuén produce sismos y deslizamientos en los preconceptos, indudablemente el paso por la Villa ha dejado cicatrices imborrables en la memoria y percepción de éste cronista.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Después del agua, más agua, Villa Epecuén, Buenos Aires, Argentina

Estribillo de los Caballeros de la Quema, que parecería inspirado en la villa y su presente, un agua que seguramente se retirará del todo y dejará al desnudo a la que fué, para quién quiera verla, sentirla y pensarla, la historia dirá si ante la bajante algo se hace con ella, si se preserva como un monumento al como no se debe actuar, o se reconstruye como se debe, pensando en los ciclos de la Tierra Madre

domingo, 6 de noviembre de 2011

Algunos edificios (lo que queda de ellos), Villa Epecuén, Buenos Aires, Argentina

Algunas fachadas que vislumbran sus pasados, un hotel de ladrillos que resistió, posibilitando a la imaginación reconstruírlo en su momento de esplendor, ventanas, puertas, la estructura de la vieja usina volcada como si fuera una maqueta de cartón, y un cartel que indica una calle a la que nadie vá, en la que nadie vive, un cartel que por muchos años será mudo testigo de una tragedia evitable

sábado, 5 de noviembre de 2011

Los árboles, la muerte en directo, Villa Epecuén, Buenos Aires, Argentina

En Villa Epecuén se abolió el uso de la palabra verde, la villa se convirtió en un gran camposanto de árboles, mudos testigos de una agonía interminable.