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lunes, 2 de enero de 2012

Un recomendado, Tulumba, Córdoba, Argentina

Un descubrimiento, que sin dudas recomiendo a quién gusta recorrer pueblitos anclados en el tiempo que han sabido preservar esa condición. Un pequeño casco histórico que da placer caminarlo, hay hosterias, pequeños restaurantes, sombra, sólo le hace falta algún curso de agua para que hubiera merecido el 10.
Como la historia de la iglesia es interesante les dejo un enlace hecho por un estudioso del tema "capillas de Córdoba", a él le debo varios viajes en búsqueda de esa pequeñas construcciones perdidas entre los cerros.
http://www.capillasytemplos.com.ar/tulumba-nsrosario.htm
 

Capilla, San Vicente de Masayaco, Córdoba, Argentina

Ubicada a 7km de Dean Funes, por una camino de tierra rodeado de verdes campos sembrados, custodiada por las sierras de Sauce Pungo, se comenzó a construir en 1830 en honor a San Vicente Ferrer. A su lado izquierdo se ubica un pequeño cementerio, desde donde está sacada la toma que la ubica en medio de una profusa vegetación que casi la hace desaparecer, el resto del pueblito lo componen cinco o seis casitas que conforman un caserío aislado en medio de los tonos serranos del apacible centro-norte cordobés

domingo, 1 de enero de 2012

Dean Funes, encrucijada de caminos, Córdoba, Argentina

Próximo destino Dean Funes, verdadero punto nodal, desde donde parten caminos que me acercan a pequeños poblados perdidos en tiempos coloniales, Masayaco, Tulumba, Colimbá, Toyos, Los Pozos, Avellaneda, Sarmiento, Macha, y por supuesto con rumbo N por la RN60, las Salinas Grandes.
La ciudad en sí se recorre en medio día, un museo, el río, algunos comercios tipo ramos generales, viejas tiendas de campo donde es posible encontrar rarezas. Aquí muestro la Estación con su puente de metal, largo, larguísimo y alto, tanto que pasa por encima de un galpón, desde allí se observan decenas de vagones abandonados y miles de durmientes expuestos a los rigores climáticos. Completa el conjunto uno de los once murales ubicados en la Terminal de ómnibus obra del artista local Martín Santiago. Las próximas subidas contarán algo de cada uno de los pueblitos apuntados al principio.

Cruz del Eje, más allá del dique, Córdoba, Argentina

Por si no se entiende el título del posteo, Cruz del Eje, tiene el dique con el paredón más largo de Argentina, una verdadera obra de arte ingenieril, ésa es la imágen de la ciudad, bellísima por cierto, pero ante tanto prodigio técnico, nada se sabe del resto, dique, aceitunas y aceite de oliva son las referencias obligadas, tanto es así que durante casi 10 años, el infaltable viaje familiar a Córdoba, terminaba con la aventura de caminar por sobre ese paredon lleno de curvas, alto, muy alto, largo, muy largo, y a la vuelta la consabida compra de aceitunas y aceite en cantidades exageradas, creo que pensando en la acumulación ante un posible ataque nuclear o extraterrestre.
Cruz del Eje tiene una extraña planta urbana, imagínense un ave con las alas extendidas y un eje que la atraviesa desde el pico hasta la cola, bien esa es la ruta 38, y en las alas se dan dos éjidos con dos iglesias, plazas, edificios administrativos. Es más, el municipio, la policía, la iglesia que aparece reflejada en los vidrios de la muni quedan lejos de la zona comercial, la estación de tren y la zona de hoteles, raro...
La primer toma nos ubica de frente a la pared vidriada del palacio comunal, frente a la plaza, se ha logrado muy bien el efecto buscado, se puede sentir todo lo que ocurre a nuestras espaldas mirando ese plano espejado, las dos siguientes pertenecen a la bóveda y araña central de la Catedral, bueno una de las catedrales, la más grande y bonita, la cuarta una imágen y una sombra deformada que despega la imaginación, la quinta, arte callejero del bueno, como para estar atento y pararse a contemplarlo, y la última el recorrido bizarro, un cementerio de trenes en la vieja estación, máquinas a vapor, diesel, vagones, motores, yuyales de más de dos metros, y casi todo vandalizado e incendiado, como debe ser, para ser nuestro, nuestro sello distintivo ante éstas circunstancias. Cargaré más fotos en el blog arqueologíaferroviaria que tiene enlace con éste, ahí me explayaré sin mucho dato técnico que no manejo, sobre las sensaciones que suceden al caminar entre tal cantidad de despojos.

Estancia Jesuítica La Candelaria, Córdoba, Argentina


Las 9 primeras tomas corresponden a la Estancia, la última imágen a la capilla del pueblo de La Higuera desde donde se toma el camino de ripio hasta el conjunto, luego un pequeño mapa y la descripción oficial del sitio, descripción oficial que nada dice sobre las condiciones de vida de los habitantes, por ejemplo y en contra de todas las creencias empezando por la mía, no había "indiada" como se suele decir despectivamente, si no que los reclutados para el trabajo eran negros, sí negros, esclavos, tomados de aquí, de allá, total para lo que iban a hacer, producir ciertas manufacturas para las misiones en condiciones poco humanas daba lo mismo, éste y otros datos, informaciones y una amena y profunda charla sobre racismo, dicriminación, oscurantismo, ceguera y silencio oficial, me la proporcionó un guardaparque, preocupado casi hasta la obsesión en contar la otra historia, la verdadera, la no oficial. Otro gesto palpable de discriminación lo marca que siempre en éstos sitios se comienza restaurando la capilla, la sacristía, la casa de los misioneros, el jardín, la oficina de informes, los baños, el establo, el portal de ingreso, las calles internas, la cochera para la 4x4, la casita de Pluto, la mascotita, y si queda alguna moneda se invierte en la restauración en la casas de los simpáticos negritos o indiecitos, ya personitas (habían sido evangelizados), o sus cementerios, o sus sitios de sociabilización, se sabe el nombre de los sacerdotes, se tienen imágenes en pintura de ellos, pero nada se sabe de quienes levantaron el conjunto, los que producían a destajo, hoy sólo se contempla la belleza arquitectónica, y se habla de la digndad de la órden que trataba con trato cordial y diferencial a sus rebaños.
Grabada ha quedado en mí tal charla, tal recorrida, la relectura de Paulo Freire, realmente vale la pena, ver, leer, escuchar, palpar, sentir con la otra mirada, total la oficial ya la sabemos de memoria.

Por fin, la que faltaba para llenar el álbum, Estancia Jesuítica La Candelaria, Córdoba, Argentina

El chau Melincué del posteo anterior, implicaba un hola algo en algún momento, el momento llegó, ya pasó pero se quedará por siempre grabado en mi memoria como el recorrido por la última Estancia Jesuítica cordobesa que me faltaba conocer, entonces la próxima presentación tratará sobre La Candelaria y las siguientes por un viaje al poco conocido norte de Córdoba, plagado de historia, arquitectura y lugares no muy tenidos en cuenta como sus Salinas Grandes, aquí vamos pó.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Cae la tarde y comienza el espéctaculo, Laguna Melincué, Santa Fe, Argentina

Nubes, agua y el sol cayendo tras ellos, espectáculo natural asegurado, sólo hay que uscar las locaciones para que acto sea lo más perfecto posible, bueno no hace falta descripción para tanta belleza natural.
Chau Melincué, nos veremos otra vez.

Más sobre Melincué, Santa Fe, Argentina

Seamos justos Melincué es algo más que su flamante Casino, su hermosa y trágica Laguna y su ex Hotel devorado por las aguas, tiene una hermosa plaza de dos manzanas, arbolada y con mesas para pasar un rato a la sombra, sitios para comer abundante y barato, reductos más coquetos con buena música, pero si ahondamos más allá de los placeres básicos, una buena caminata por la via bajo un perfecto túnel de árboles, la vista a una planta de silos igualita a las que se ven en Nebraska, o por ahí cerca, el sitio arqueológico "Estación de Ferrocarril", otrora punto vital para la recepción y distribución de los más de 5000 turistas que llegaban los fines de semana en tren, y su famoso Mangrullo parte del sistema de fuertes que protegían a los blanquitos de la horda de salvajes que según dicen eran los verdaderos dueños de la tierra, fíjese que cosa compadre, les roban las tierras y todavía protestan, Jaime preparáme el carruaje pliss.
Para finalizar un cartel de la sodería local, con un tono simpático. En resúmen véngase para éstos pagos del Sur santafesino, encontrará historia, belleza natural, sitios arqueológicos contemporáneos, y de yapa Casino, buena comida, y gente que te saluda con onda sin conocerte, motivo suficiente para sentirse parte de la comunidad.

domingo, 25 de diciembre de 2011

El Titanic de las pampas, Hotel Balneario, Melincué, Santa Fe, Argentina

La entrada anterior pretendió ser informativa, ésta tendrá un carácter mas vivencial, en verdad hacía mucho tiempo que quería enfrentarme al gigante herido, por fin pude hacerlo en una vacación de un día, aprovechando la mañana temprano y especialmente el atardecer y el ocaso ya que la laguna da al O, el sol pegaba impiadosamente, el salitre de la laguna ardía, pero nada importaba ante esa maravillosa visión, sí, sí comprendo que tal entusiasmo y excitación no sintonicen con la mayoría de la gente, pero las sintonías son infinitas, y cada uno vibra con una longitud de onda distinta en cuanto al espectro de cosas que nos emocionan y les aseguro que alguna energía especial dominaba la escena, sobre todo cuando por la noche me tocó apagar la luz y cerrar la puerta con llave, el irme último me ayudó a comunionar aún más con esa silueta que se fundía con la negritud, sóla, triste, muy cerquita de su previsible final de escombros en la playa.
Verdaderamente recorrí esos casi 2 kilómetros que separan al Hotel de la ruta 90 y el faraónico Casino, dándome vueltas constantemente como con ganas de no decirle nunca adiós.

Lo que el agua se llevó, capítulo II. El Hotel Balneario, Melincué, Santa Fe, Argentina

Otro desafiante proyecto de la burguesía de los 30, sepultado bajo metros de agua de la Laguna Melincué, al S de la Provincia de Santa Fe, otro Titanic de las pampas, equipado con lo mejor de la época que no soportó la ingenuidad humana que creyó que la solidez de una estructura podía hacerle frente a una lluvia de 300mm y a un viento que se tragó literalmente a la isla que alojaba al Hotel.
Hoy Melincué tiene poco más de 2500 habitantes, en la época de esplendor de su orondo gigante duplicaba esa población y para los fines de semana recibía unos 15000 turistas que se deleitaban con las aguas mansas.
Era allí, adonde la gente llegaba con carruajes y sus empleados para pasar el fin de semana en una de las 34 habitaciones. El comedor con orquesta, la playa con casillas de madera y que, con el tiempo, llegó a tener estación de servicio, usina, pista de aterrizaje, una cancha para carreras cuadreras, bowling, muebles provenzales y un piano de cola para quien se animase con algún acorde.
Una pasarela de 1500 metros, hecha con palos de quebracho, permitía a los automóviles llegar hasta el balneario. Y por allí se asomaban vehículos con familias que venían desde Rufino, Venado Tuerto, Casilda y hasta Rosario.
El Hotel Balneario sufrió la primera inundación en 1941 y permaneció cerrado hasta 1961. Allí comenzó otra etapa. En 1967 se inauguró el Club Náutico y y la isla era visitada por multitudes, en 1971 fue concesionado a Esther Taconi que lo condujo airosamente hasta esas trágicas jornadas de 1975, en donde la naturaleza hizo su jugada y en un santiamén hundió al esplendoroso Balneario, desangrando su estructura, pero que no pudo con su espíritu que sigue resistiendo a la naturaleza y a los funcionarios cuya miopía no les deja ver más allá del flamante Casino, mega obra descontextualizada que parece calcada de una de las tantas del desierto de Nevada.